27 de abril de 2026
Cuando Farmacia Lachén abrió en la calle Saint Gaudens 29, el barrio apenas tenía vida.
Era una apuesta. Una visión a largo plazo. Con los años, ese barrio creció. Y la farmacia creció con él. No solo en espacio. También en equipo, en servicios y en forma de entender el cuidado.
Se incorporó Quino Lachén, impulsando áreas como la formulación magistral y los análisis clínicos y más adelante, el proyecto siguió evolucionando con la llegada de Edgar Abarca Lachén.
Y es que esta historia no empieza en 1976, sino mucho antes, entre boticas, morteros, fórmulas hechas a mano… y personas.

Han pasado 50 años y, aunque todo alrededor ha evolucionado —la tecnología, los tratamientos, la forma de trabajar— hay algo que sigue exactamente en el mismo sitio. La manera de entender este oficio.
Porque más allá de los medicamentos, de los protocolos o de los avances, hay algo que sigue siendo esencial: la relación con las personas. Seguir escuchando con atención, dedicar tiempo a explicar bien las cosas, acompañar en procesos que muchas veces no son sencillos. Estar ahí, no solo para dispensar, sino para ayudar a entender, a decidir y a sentirse más tranquilo.
Al final, una farmacia no es solo un punto de paso. Es un lugar donde alguien te conoce, te pregunta cómo estás y se implica en lo que te ocurre. Y eso, por mucho que cambien los tiempos, sigue siendo el centro de todo.
Si algo ha definido siempre a Farmacia Lachén es esa capacidad de evolucionar sin perder la esencia. De saber de dónde venimos, pero sin quedarnos ahí.
La farmacia ha cambiado muchísimo en estas décadas, y nosotros con ella. Hemos incorporado nuevos servicios, nuevas herramientas y nuevas formas de trabajar que nos permiten ofrecer una atención más completa y más precisa. Pero todo eso no tendría sentido sin una base sólida detrás.
Porque innovar no es hacer más cosas, es hacerlas mejor. Es entender que no todas las personas necesitan lo mismo y que, precisamente por eso, el futuro pasa por personalizar, por adaptar, por afinar cada tratamiento lo máximo posible.
Seguimos trabajando con esa idea: combinar la experiencia de años con una mirada constante hacia adelante. Sin nostalgia, pero con mucho respeto por el camino recorrido
Mirar atrás y ver todo lo que ha pasado en estos 50 años impresiona. No solo por el tiempo, sino por la cantidad de historias que hay detrás.
Personas que han confiado en nosotros durante décadas, familias enteras que han pasado por la farmacia en diferentes etapas de su vida, momentos buenos y otros más complicados en los que hemos podido aportar algo más que un medicamento.
Porque al final, lo que queda no son solo los años, sino los vínculos que se han ido construyendo poco a poco, día a día, conversación a conversación.
Y si algo tenemos claro después de todo este tiempo, es que queremos seguir estando ahí de la misma manera. Cercanos, implicados y con las cosas claras.
Cuidar de quien entra por la puerta. Así de simple. Y así de importante.
farma216